viernes, 26 de septiembre de 2008

Sociópatas o el arte demezclar churras con Merinas

Ayer por la mañana en la Ser se hicieron eco de una noticia referente al estudio llevado a cabo por el Colegio de Pediatras de Catalunya. Era una nota breve que no he visto reflejada ni en la página Web de la Ser ni en los periódicos digitales que he consultado.
El estudio en cuestión ha analizado las causas de los comportamientos de niños con conductas anormales. Entiendo por anormales aquellas que tienen que ver con la agresividad, la irresponsabilidad, la inmadurez, etc.
En fin, que lo que dicho estudio concluye es que a estos angelitos no les pasa nada, no presentan patología alguna. Lo único que presentan son conductas antisociales, es por ello que los denominan SOCIÓPATAS. Estas conductas, según el estudio, tienen que ver con la permisividad de los padres que no imponen límites a sus hijos, que no les exigen responsabilidades y que acceden a todo tipo de demandas por parte de ellos. El estudio afirma que la responsabilidad de la educación de los hijos la tiene la familia. (¿Es esto una novedad?)
Lo cierto es que ayer precisamente, entraba yo en clase de mi amigo y compañero que estaba que se subía por las paredes. En una clase, cuyos alumnos rondan los 11 años de edad, alrededor del 40% tiene televisión en su habitación. De este modo, nadie controla la hora a la que se van a dormir ni la cantidad o el tipo de programación que consumen. Él estaba indignado porque decía que en semejantes condiciones, supongo que de cansancio y embotamiento mental, cómo puñetas van a aprender, pero que después, a nosotros bien que se nos exigen resultados.
Ayer de mañana mi hija, de 14 años, se quejaba de que era de las pocas de su clase que desayunaba antes de ir al instituto porque los demás preferían dormir algo más a desayunar en condiciones. Todo ello con el beneplácito de sus padres.
Recuerdo cuando, de pequeñas, me decían que yo era la madre más mala de todas porque no las dejaba comer bollería a diario y sí bocadillos. Pero no he perdido posiciones en el ranking, ahora sigo siendo la peor también, porque no las dejo ver las series o los realities de televisión que ven la mayoría de sus compañeros y que acaban a las mil y quinientas.
Ya sé que me repito más que el ajo y que, en muchas entradas trato aspectos parecidos pero es que algunos estamos cansados de trabajar bajo la presión de quienes luego no mueven un dedo. Y a veces me digo: ¿Es mío el perro? ¡Pues tampoco el collar!. Pero para todo hay que valer en esta vida, incluso para saber pasar de las cosas y servidora tiene mucha palabrería pero también muchas carencias, entre ellas la de la cualidad de saber pasar.
Algunos padres entienden que las obligaciones para con sus hijos se refieren a proveerles de cantidad de cosas materiales, de hacerles una vida fácil. Creen que la sociedad del bienestar, que por cierto se está cayendo con esta crisis que no sabemos dónde va a llegar, consiste en comprarles cosas. Cuántas más y más caras, mejor.
La sociedad del bienestar, el disponer de recursos materiales suficientes deberían ser sólo un instrumento para proveer a nuestros hijos de los recursos para que el día de mañana sean autónomos, responsables, respetuosos, empáticos... Vamos, lo que mi madre, sin enrollarse tanto, diría ser un hombre o una mujer de provecho.
Pero algunos no tienen claro nada de esto y mezclan Churras con Merinas así que luego no saben qué lana les van a dar.
Esta entrada enlaza con otra del blog de mi amiga Núria. Creo que viene muy al pelo
http://nroig.blogspot.com/2008/09/grcies-joan.html

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